HUILA: de las urnas a la resistencia.
De izquierda a derecha Miller Dussán y Raul Zibechi
Ponencia VI CONGRESO REDIPAZ. Paz, Participación y Desarrollo: Sujetos que participan, inciden y trasnforman. Medellín 3 y 4 de octubre de 2019
Miller Armín Dussán Calderón
Profesor Investigador Universidad Surcolombiana
En un encuentro con líderes veredales de Antioquia cuyo nombre prefiero ocultarlo, uno de ellos preguntó públicamente: ahora que se desmovilizó las Farc ¿quién va a garantizar la seguridad de este territorio? Esa misma pregunta la escuché en Washington a un asesor de Obama en una reunión de defensores de Derechos Humanos. ¡Qué coincidencia! Sin embargo, la misma pregunta respondía a visiones diferentes sobre la Paz.
En el primer caso, la preocupación de las comunidades obedecía a la imposición de los Proyectos de Interés Nacional y Estratégicos PINES (represas, fracking, minería) a favor de la acumulación de capital por despojo, incorporados en los Planes de desarrollo de los Gobiernos de Uribe, Santos y en el “Pacto por Colombia” de Duque contra el derecho a defender, decidir y vivir dignamente en los territorios.
Esta preocupación es mayor en todas las poblaciones donde operaban las FARC debido al incremento de la presencia de mafias de narcotraficantes, grupos paramilitares, empresas mineras trasnacionales que despojan comunidades, destruyen los ecosistemas y asesinan a líderes sociales para controlar el territorio y apropiarse de sus riquezas. Según los informes de la Fundación Paz y reconciliación antes de que las FARC entregaran las armas, operaban en casi 300 municipios de los cuales hoy 123 tienen copamiento criminal”.
La preocupación del asesor de Obama era quién va a garantizar la seguridad de los PINES, no sólo la jurídica cuyos litigios se resuelven en Tribunales de arbitramento internacional controlados por las multinacionales y sus organismos financieros, sino para la inversión en proyectos extractivos sin la presencia de grupos irregulares y el control efectivo de las protestas sociales. Se entendió, entonces, el sentido de aportar 400 millones de dólares para el “Plan Paz Colombia” para la “protección” estatal de los territorios que incluía la creación de Batallones minero energéticos para consolidar la Paz Corporativa, requerida por los sectores empresariales para sus proyectos de economía extractivista y de agroindustria, como lo manifestaron sus representantes al presidente encargado de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), Orlando Velandia, “La mejor noticia para el sector petrolero es la firma de los acuerdos de paz”.
No bastaba con el desarme de la gran mayoría de los insurgentes de las FARC y la bancarización de la paz (incluídos los exgerrilleros) a favor del sistema financiero, si no se garantiza la participación de la sociedad en su conjunto como condición para alcanzar la paz con justicia social y ambiental que nunca ha sido uno de los objetivos del gobierno. Por el contrario, se avanza en procesos de privatización de lo público, la negación de la participación de las comunidades, la regulación de la protesta social, el incremento de los asesinatos de líderes defensores de los territorios y la expedición de decretos para el despojo, facilitando la invasión y la impunidad trasnacional y el modelo corporativo.
Las contradicciones y falacias del gobierno de Santos con relación a la crisis ambiental y la crisis climática surgieron desde las negociaciones con las FARC como expresiones innegables de un modelo de desarrollo construido e impuesto a espalda del equilibrio ambiental y sin la participación y decisión soberana popular hacia el ordenamiento territorial.
En Colombia las mismas Naciones Unidas ya habían propuesto en materia ambiental implementar el capitalismo verde que se encuentra en el documento para el post-acuerdo titulado “Consideraciones ambientales para la construcción de una paz territorial, estable y duradera”, presentado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente en Septiembre de 2014, incorporado en sus líneas generales en el Plan Nacional de Desarrollo, donde se plantea que en las regiones que hasta ahora han sido controlados por la guerrilla y que cuentan con reservas ambientales importantes es necesario ejecutar ambiciosos proyectos de “economía verde” en asocio con el capital financiero transnacional .
La ONU reconoce la problemática asociada a la salida de las FARC de los territorios en los que se mantienen condiciones ambientales propicias debido a su presencia militar, destacando la posible destrucción de esos lugares con la llegada de corporativismo y el modelo extractivo priorizado por el Gobierno de Santos.
En este contexto, la ONU desarrolla hipótesis y propuestas enmarcadas en la economía verde que representa una doble contradicción debido a que pretender superar la posible destrucción territorial aplicando esquemas de economía verde, que sería regresar a un modelo que desde la década de los 90 reforzó la injusticia social y ambiental en Colombia bajo la falacia del desarrollo sostenible que según Joan Martinez, "el crecimiento verde y el desarrollo sostenible son una contradicción. No puede haber un crecimiento económico que sea verde. Es falsamente verde. La economía actual se basa en más petróleo, más carbón, más palma, más cobre. Hablar de desarrollo sostenible es engañar a la gente". Además, se refiere a los Pagos por Servicios Ambientales, aprobados en Colombia mediante el mecanismo de fast track utilizado para la implementación de los acuerdos de paz como “un reduccionismo monetario que puede resultar en una política contraproducente. Es como si tuviéramos que pagarle a la gente del páramo para que se porte bien. Los estamos acostumbrando a que les tenemos que pagar. Se está mercantilizando una relación, y cuando eso sucede se pierde la lógica de la obligación moral".
La apuesta de las élites transnacionales por los “mercados verdes”, como lo señala el investigador Daniel Libreros, apunta adicionalmente a fortalecer el sometimiento financiero de los países del sur. Los cuarenta y ocho países menos desarrollados del mundo, casi todos ubicados en África, a partir del 2020, cuando entren en vigencia los acuerdos del COP 21 será de aproximadamente US noventa y tres mil millones anuales. Lejos de reconocer la “responsabilidad desigual” en la contaminación ambiental, la “deuda ecológica” del Norte sobre el Sur y de aprobar compensaciones justas por cambio climático irreparable en varias zonas del planeta, los grupos financieros transnacionales y los Estados que los representan pretenden profundizar el coloniaje en los países periféricos para ampliar su circuito de negocios mediante el endeudamiento. La COP 21 de Naciones Unidas ha facilitado esta pretensión corporativa al ratificar que la salida a la actual crisis climática obliga a una transición programada hacia el “capitalismo verde”, es decir, mercantilizando la naturaleza como negocio rentable lo cual haría imposible limitar el calentamiento global a 2 °C para los próximos años. Este criterio, que ya lo había oficializado la Comunidad Europea desde 1997, adolece de una base científica cierta, por ello, abrió debates en las comunidades académicas y propició el rechazo de los países periféricos.
El capitalismo verde se sustenta en la producción de agrocombustibles que exige la utilizació de grandes cantidades de tierra y agua bajo la forma de monocultivos desplazando comunidades campesinas y étnicas y disminuyendo las posibilidades de la producción alimentaria. Adicionalmente, estos agrocombustibles son cultivados de manera intensiva con agrofertilizantes derivados del petróleo y responsables en gran medida de la contaminación del planeta. Un segmento adicional del “capitalismo verde” es el de las titularizaciones por pagos indemnizatorios a la contaminación atmosférica que han abierto un segmento rentable en los mercados de capitales globalizados. Se trata del empleo de tecnologías genéticas que atentan contra el ciclo natural de la vida vegetal. Conseguir más bienes en menos tiempo transgrediendo el ciclo de elaboración de bienes por la naturaleza se convierte en un requisito ineludible en la agricultura contemporánea para adecuarse a las exigencias de la intensificación productiva en las industrias tecnológicamente desarrolladas y al ritmo frenético de la circulación de mercancías en el comercio mundial.
La economía verde que se pretende implementar como solución ambiental en el posacuerdo con la insurgencia colombiana, como lo señala el investigador Dario Urrea parte de considerar que “la problemática y la crisis ambiental es producto de la mala asignación de capital a los proyectos de desarrollo y salva de responsabilidad al sistema capitalista. Es decir, no va al corazón del problema, lo deja intacto. Presenta la gobernanza corporativa como una de las soluciones a la crisis global, pues reconoce en los Estados entidades débiles para la administración ambiental y territorial, y en las corporaciones a salvadores que poseen la tecnología y el capital necesarios para enfrentar las problemáticas. Niega cualquier perspectiva de derecho frente a los bienes comunes; prioriza las formas de privatización mediante asociaciones público-privadas como única alternativa de manejo de los bienes comunes y presenta las falsas soluciones (como la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de bosques -REDD- y los Pagos por Servicios Ambientales -PSA-) como alternativas a la crisis planetaria”.
La ONU, frente a un escenario de posacuerdo sugiere reconocer la biodiversidad en términos de capital natural (CN), concepto que equivale a la mercantilización de la naturaleza. El “aprovechamiento de la biodiversidad”, con un desarrollo industrial rural asociado a los capitales y controles trasnacionales; el Pago por Servicios Ambientales que implicaría el despojo por vía administrativa luego de cinco años de pago; hacer minería sostenible para reducir los impactos ambientales, una contradicción en los términos debido a que dicha actividad extractiva es imprevisible en sus consecuencias e irreparable en sus impactos. Institucionalidad Ambiental y gobernanza en términos económicos a partir del producto de los PSA y REDD que estarían al servicio del capital corporativo y de los terratenientes, profundizando la flexibilización de controles ambientales y el modelo depredador.
Estos aspectos, que están en la base del crecimiento verde fueron incorporados como alternativa en un contexto de posacuerdo, que el gobierno de Santos implementó como eje trasversal del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2015. Una nueva contradicción en el discurso y la aplicación del modelo de Santos: la promulgación de un desarrollo sostenible mientras se avanza con un desarrollo extractivista.
El Plan de Desarrollo de Duque avanza en la militarización de la naturaleza. Se trata de un acuerdo empresarial que desconoce la participación ciudadana e impone una economía de mercado sin límites, es decir, vía libre a los proyectos extractivos minero energéticos y agronegocios, que serán amparados con la “militarización de la gestión ambiental y territorial”, como respuesta a la organización y movilización social de las comunidades que a través de mecanismos de participación como las Consultas Populares y Acuerdos Municipales vienen prohibiendo represas, fracking, minería a gran escala para proteger el Patrimonio Ecológico y Cultural de los municipios.
La naturaleza es presentada como un “activo estratégico del país” que será protegida por militares y policías, complementada con “ingenieros militares” y “empresas del sector”, negando su carácter de Bien Natural Común que debe ser reconocida como sujeto de derechos y cuya protección ecológica corresponde a las comunidades organizadas, como componente de una política pública ambiental.
El Plan no se refiere a la protección ecológica, sino a reemplazar los denominados “extractivismos ilegales” por los legales otorgados por el Estado a las corporaciones privadas nacionales y transnacionales. Es decir, se trata de la apropiación de los excedentes económicos que genera la naturaleza.
Lo novedoso del Plan es la incorporación, como parte de la “seguridad”, de la dimensión ambiental, enfocada en el agua, la biodiversidad y el resto del ambiente, considerándolos un “activo estratégico”, término proveniente del mundo empresarial. O sea, que se trata de reprimir a las organizaciones ambientales y de derechos humanos que se oponen al control corporativo de los territorios por las empresas transnacionales y que luchan por la Autonomía y el Poder territorial.
Las consecuencias son graves. Por un lado, incluir las cuestiones ambientales en el ámbito de la seguridad, en un país asediado por la violencia, significa militarizarla. Por otro lado, reducir el ambiente a un activo o simple mercancía, equivale a incrementar dramáticamente la destrucción de la Naturaleza.
Esta nueva “seguridad ambiental” aparece en la sección titulada “Seguridad, autoridad y orden para la libertad: Defensa Nacional, seguridad ciudadana y colaboración ciudadana”. Allí se enumeran diversos objetivos, entre otros, el control territorial y las medidas en seguridad y defensa nacional de esos “activos” que estarán a manos de una fuerza de “Protección Integral Ambiental” conformada por fuerzas militares y policías, coordinando con la fiscalía y autoridades ambientales, para consolidar la militarización de la gestión ambiental.
La militarización ambiental está protegida por la “dictadura constitucional” de la Corte que mediante Sentencia SU 095 de octubre de 2018 determinó que las consultas populares no son el mecanismo idóneo para prohibir las actividades extractivas y la declaratoria de inexequibilidad del artículo 33 de la ley 136 de 1994 que disponía que los proyectos que generasen cambios significativos en el uso del suelo como la minería, explotación petrolera (fracking), represas, debían ser objeto de una consulta popular.
Con la Sentencia de la Corte Constitucional 342 de 2019 se consolida la dictadura constitucional al negar cualquier mecanismo de participación ciudadana Consultas Populares, Acuerdos Municipales, POT y EOT, para decidir sobre la prohibición de las actividades minero energéticas para proteger el Patrimonio Ecológico, cultural y la vocación agrícola de los municipios.
Con estas decisiones la Corte desconoce derechos fundamentales de las comunidades como la de decidir sus proyectos de vida y la autonomía territorial, como garantía para la imposición de las actividades extractivas como el fracking, ahora que el Consejo de Estado dio vía libre a pilotos integrales de exploración mediante esta técnica” para incrementar el volumen de explotación petrolera, contra toda evidencia de destrucción ecológica y afectación a la salud humana.
Con la militarización del ambiente y la dictadura constitucional se aumentarán los “batallones energéticos” y la “red de informantes” para proteger los proyectos extractivos de las transnacionales. Estas decisiones, parecen responder a la estrategia diseñada por el almirante Arthur Cebrowski, zar de la transformación de la Defensa de EUA quien participó en la elaboración de una doctrina de la guerra en red (Network-centric warfare)”, según la cual “Estados Unidos debe tomar el control de los recursos naturales de la mitad del mundo, no para utilizarlos para sí mismo sino para estar en posición de decidir quién podrá utilizarlos. Para lograr ese objetivo, tendrá que destruir en esas regiones cualquier poder político que no sea el de Estados Unidos y acabar con las estructuras mismas de los Estados en los países existentes en esas regiones”.
Resistir a estas políticas debe ser una de las prioridades de todas las organizaciones que propenden por una salida alternativa a la crisis ambiental que ha producido el propio capitalismo que es el responsable del calentamiento planetario antropogénico producto de la lógica absurda e irracional de expansión y de acumulación al infinito, a su productivismo obsesionado por la búsqueda de la ganancia que es totalmente contradictoria con una racionalidad ecológica, que toma en cuenta la temporalidad larga de los ciclos naturales .
Hablar de paz implica un cambio del modelo neoliberal minero energético contra la imposición del capitalismo verde, de la mercantilización de la naturaleza, que es el propósito fundamental de los ODS. En nuestro país se registra con preocupación el avance de este modelo acelerado con las “locomotoras minero energéticas” por parte del Gobierno Colombiano con el aval de Corporaciones transnacionales, Naciones Unidas, entre otros, a nombre de la paz corporativa, extractivista (PINES, ZIDRES) y el “desarrollo sostenible” contra la Paz con Justicia Socioambiental negando el cumplimiento de los Acuerdos pactados con la insurgencia para solucionar el problema de violencia y agudizando los conflictos socioambientales con el despojo de la comunidades, el ecocidio y la imposición de la dictadura constitucional minero energética, por parte de las Altas Cortes a favor de las transnacionales, negando el derecho de los ciudadanos a decidir soberana y autónomamente en sus territorios sus proyectos de vida, como lo vienen haciendo a través de Consultas Populares y Acuerdos Municipales con fundamento en las competencias de los entes territoriales para ordenar el uso del suelo y prohibir todas las actividades minero energéticas que atenten contra el Patrimonio Ecológico y Cultural de sus municipios.
La paz con justicia socioambiental se construye desde los territorios, desde las resistencias argumentadas, desde la Investigación Acción Participativa enfrentando al poder corporativo, impidiendo el despojo y los desplazamientos forzados en nombre del “desarrollo sostenible” y proponiendo alternativas como construir un movimiento nacional de resistencia, por un modelo energético soberano, autónomo y descentralizado basado en plantas de energía renovable, (solar, eólica), que sea autogestionado por las comunidades, que responda a sus necesidades y que no perjudique la salud de las personas y el medio ambiente” y una Transición Energética democrática, pública y comunitaria centrada en la gente y el planeta, que respete los derechos de los trabajadores, los derechos humanos, los derechos de los pueblos y los derechos de la naturaleza que sustituya de manera progresiva la cultura fósil, las represas y la agroindustria hacia la soberanía y autonomía energética y alimentaria con soluciones energéticas propias.
Esta alternativa implica un cambio radical del enfoque antropocéntrico y biocéntrico que sustentan el desarrollo sostenible” por un nuevo enfoque ecocéntrico que parte de una premisa básica según la cual “la tierra no pertenece al hombre y, por el contrario, asume que el hombre es quien pertenece a la tierra, como cualquier otra especie”. De acuerdo con esta interpretación, la especie humana es sólo un evento más dentro de una larga cadena evolutiva que ha perdurado por miles de millones de años y por tanto de ninguna manera es la dueña de las demás especies, de la biodiversidad ni de los recursos naturales como tampoco del destino del planeta. En consecuencia, esta teoría concibe a la naturaleza como un auténtico sujeto de derechos que debe ser reconocido por los Estados y ejercidos bajo la tutela de sus representantes legales, verbigracia, por las comunidades que la habitan o que tienen una especial relación con ella”.
Conforme al paradigma ecocéntrico que quedó incorporado en las “Constituciones Ecológicas de Ecuador (2008) y Bolivia (2009), implica avanzar en la construcción de una ecosociedad donde se establezca una vinculación intrínseca entre naturaleza y cultura , y la diversidad de la especie humana como parte de la naturaleza y manifestación de múltiples formas de vida. Desde esta perspectiva, la conservación de la biodiversidad conlleva necesariamente a la preservación y protección de los modos de vida y culturas que interactúan con ella.
Este debate es fundamental debido a que en la disputa por el control del conocimiento en las universidades públicas se manifiestan dos tendencias: la de los profesores corporativos y los que se consideran críticos. Los primeros, de ideologías corporativas (que curiosamente se definen como des-ideologizados) que asumen como legítimo dedicar sus esfuerzos académicos a prestar servicios a las empresas, a justificar sus proyectos y proponer programas académicos que incorporen tecnologías como el fracking, vale la pena preguntarse en estos escenarios cada vez más usuales de la asimetría de poder en la que se encuentran las comunidades y pueblos afectados respecto de las empresas y el Gobierno, la cual se profundiza en los aspectos referentes a los saberes, estudios y realidades académicas y no académicas de los proyectos y decisiones y, los docentes críticos que se dedican al acompañamiento experto a las comunidades y a las autoridades territoriales para que sus decisiones cuenten con argumentos construidos colectivamente a través de las resistencias y el diálogo de saberes y experiencias y a proponer nuevos programas como ingeniería de energías, agroecología, sanología, economía solidaria, innovaciones pedagógicas para el cambio del modelo en la perspectiva ecosocial.
Desde ya debemos articular todos los movimientos de resistencia para defender la Paz con Justicia Socioambiental y avanzar en la construcción del PODER TERRITORIAL SOBERANO Y AUTÓNOMO.
Foto Diario del Huila
El Consejo de Estado decretó la nulidad de la Resolución 020 del 4 de octubre de 2018 por la cual El Consejo Superior designó a la Señora Nidia Guzmán rectora de la Universidad Surcolombiana, con fundamento en el artículo 126 de la Constitución Política que establece que ningún funcionario podrá nombrar ni postular como servidores públicos a quienes hubieren intervenido en su postulación o designación, es decir, “prohíbe el intercambio de favores”.
En la Universidad Surcolombiana, -USCO- desde 1993 predominó la controversia en torno a los mecanismos de elección de las directivas, con énfasis en la designación de Rector, en detrimento de la discusión sobre la esencia de la autonomía y democratización universitarias y el fortalecimiento de la investigación para contribuir en la solución de los problemas sociales y la construcción de un modelo alternativo al neoliberalismo que no destruya el equilibrio ecológico.
La mayor preocupación de miembros institucionales gubernamentales, de sectores vinculados a los gremios económicos, incluso de docentes universitarios y de egresados, era cómo reglamentar la designación de algunos miembros del Consejo Superior y la designación de las directivas para mantener el control institucional por el clientelismo político para el manejo de los recursos, el sistema de contratación y el mejoramiento de los ingresos al ocupar cargos de dirección.
El ejercicio de ese poder autoritario y clientelista explica la reiterada crisis administrativa de la USCO desde 1993 hasta la fecha debido a la nulidad, por parte del Consejo de Estado, de la designación de rector durante 7 ocasiones en 15 años, ocasionada por los miembros del Consejo Superior por sus actuaciones ilegales y la negativa a reformar los Estatutos conforme a la Autonomía Universitaria garantizada en el artículo 69 de la Constitución Política y de Sentencias posteriores de la Corte Constitucional como la C-220/97 según la cual la autonomía que el constituyente le reconoció a las universidades, tiene como objetivo principal protegerlas de la interferencia del poder político central; la Sentencia C-829 de 2002 cuya doctrina contiene que la autorregulación que a las universidades garantiza el artículo 69 de la Carta no podrá, en ningún caso prescindir de quienes integran la comunidad educativa (docentes, estudiantes, egresados), abandonando un criterio autoritario en la universidad para dar cabida de manera concreta al principio de la democracia participativa en los claustros.
Desde esta perspectiva, se reconocía sin ninguna ambigüedad, que el ejercicio de la autonomía corresponde a todos los miembros de la comunidad educativa, y no puede ser usurpada por los órganos de dirección de la Institución. De otra forma, y como se infiere de las diferentes Sentencias de la Corte Constitucional, la autonomía de la universidad reside en la comunidad universitaria, que a su vez es el poder soberano y máxima dirección de la Institución.
La única salida a la crisis administrativa institucional es la movilización inmediata de toda la comunidad universitaria para que el rector y los decanos sean directamente elegidos por estudiantes, profesores y egresados, por voto universal, previa definición de rigurosos requisitos académicos (título de doctor, experiencia investigativa, producción intelectual calificada, proyectos de desarrollo de impacto en los contextos regional y nacional, experiencia administrativa, entre otros.
La Comunidad Universitaria no debe permitir una vergüenza y desacreditación más, razón por la cual debe exigir al Consejo Superior se convoque una Asamblea Constituyente u otro mecanismo de consulta, establecido en el Estatuto General de la USCO, para actualizar el Proyecto Educativo Institucional y cambiar el actual sistema premoderno y aristocrático de designación de rector donde los miembros del Consejo Superior deciden conformar de manera discrecional y clientelista una terna de todos los aspirantes que cumplen los requisitos para el cargo, donde los "escogidos", se someten a elección estamentaria y cualquiera que gane las elecciones, será una ficha politiquera que debe garantizar el reparto burocrático de contratos y puestos, según las condiciones pactadas o exigidas por miembros del Consejo Superior para incluirlos en la terna.
Es hora de ejercer la democracia directa y la autonomía por parte de la Comunidad Universitaria como máxima autoridad de la Institución.
El tema de los responsables por los inocultables daños económicos, sociales, ambientales y culturales causados por la construcción del PH El Quimbo se convirtió en el centro del debate de la campaña electoral a la gobernación del Huila.
La confrontación ha escalado a niveles indignantes debido a que los aspirantes a la gobernación Carlos R. Chávarro y Luis E. Dussán se han transado en una disputa por ocultar, contra toda evidencia, su responsabilidad en el apoyo al proyecto y vociferar, que de ser elegidos no permitirán ni fracking, ni represas en el Huila.
Carlos Ramiro Chávarro, en su defensa del Quimbo, fue explícito al expresar que “no íbamos a ser los congresistas del Huila los que les íbamos a decir a una inversión de más de 800 millones de dólares que se fueran para otra región del país” y que las afectaciones eran insignificantes: “se van a inundar 8550 hectáreas que representan el 0.00748% del país. Se va también a afectar a 1500 personas que representan el 0.0034%”.
Luis E. Dussán resaltó que “definitivamente un proyecto de estos de generación de energía es un gran negocio, es un excelente negocio que genera excelentes utilidades, nos perece que ese debe ser también un punto central, un punto de honor para el departamento ser socios del proyecto”.
Para el parlamentario Luis E Dussán, se exigía “como requisito previo para que continúe el proyecto garantizar que el presidente de la república instale una mesa de concertación que tenga el carácter de vinculante y obligatorio en las decisiones que allí se tomen”. Otra exigencia de la bancada parlamentaria al gobierno nacional era la revocatoria del Decreto 321/2008 que declaró de utilidad pública los terrenos necesarios para el proyecto y que le da la potestad a una empresa privada hasta llegar a expropiar terrenos si los propietarios se niegan a aceptar las condiciones impuestas en la negociación. Además, decidir la entidad que debe elaborar de manera independiente los estudios socioeconómicos que fueron realizados por Emgesa.
El expresidente Uribe instaló la Mesa condicionada a que “El Quimbo va porque va” y desde el comienzo los representantes en la misma, de los Gobiernos nacional, departamental, los alcaldes de los municipios de afectación y de la bancada parlamentaria, renunciaron a los puntos de honor planteados por Luis E. Dussán en el Congreso como la derogatoria de la Resolución 321 y el estudio independiente y aceptaron la metodología con la ilusión de que el negocio quedaría mejor repartido.
Ante el fracaso de la mesa, producto de la resistencia y el rechazo del 95% de los asistentes a la Audiencia Pública Ambiental, realizada en Gigante Huila en febrero de 2009, decidieron suscribir un pacto secreto entre los Gobiernos Nacional, Departamental, alcaldes municipales y Emgesa que denominaron "Documento de cooperación" para justificar la participación social y legitimar la aprobación de la Licencia Ambiental, donde capitularon al desconocer los “puntos de honor” y no incluir exigencias mínimas como participación accionaria del Departamento del Huila como socio del proyecto, reducción de la tarifa de energía para toda la población del Huila, reversión de la concesión a la nación, modificación de la naturaleza del proyecto de unipropósito a multipropósito, compensación del PIB por pérdida de productividad y concesión de aguas para distritos de riego.
Asoquimbo, fue la única organización que se opuso a la construcción del Quimbo debido a que en el año de 1997 la empresa Central Hidroeléctrica de Betania presentó tres alternativas para la construcción de la represa El Quimbo y el Ministerio de Medio Ambiente, después de haber evaluado los impactos en sus aspectos técnicos, sociales, ambientales, económicos y culturales en la región, declaró que ninguna de las tres alternativas eran viables por las siguientes razones: Primera, “la desproporción entre el área de inundación y la poca generación de electricidad” y segunda, en la afectación estructural del área productiva, “no es conveniente que se inunden las mejores tierras con vocación agrícola de la región y sería imposible restituir la actividad productiva en la zona”.
Sin embargo, cuando se conocía que el proyecto no era viable y que la única opción era impedir su construcción, durante el Gobierno de Rodrigo Villalba, de manera irresponsable, lo incluyó en la Agenda de competitividad 2005, con el apoyo unánime de todos los sectores políticos y gremios económicos, que lograron que el presidente Uribe lo incorporara, en el año 2008, en el marco del Plan 2019 o Visión Colombia II Centenario, cuyas bases eran la confianza inversionista y la seguridad democrática.
Lo anterior explica que tanto Luis E. Dussán como Carlos R. Chávarro estaban de acuerdo con la construcción del proyecto, sin reparar que había sido declarado inviable, razón por la cual, se opusieron a la resistencia de Asoquimbo, incluso a las acciones jurídicas, como la demanda de nulidad de la Licencia Ambiental que cursa en el Consejo de Estado donde una de las justificaciones es precisamente las razones por las cuales el mismo Ministerio de Ambiente lo había declarado inviable.
La única razón por la cual impusieron El Quimbo, a través del despojo violento, la expropiación y el incumplimiento de las exiguas compensaciones, como la restitución de la actividad productiva y en que coinciden los candidatos que se disputan mediante el engaño la gobernación del Huila es que “El Quimbo es un excelente negocio que genera excelentes utilidades” y que no se podía rechazar una inversión de más de 800 millones de dólares cuando las afectaciones para las comunidades eran mínimas.
Ahora, como candidatos, pregonan por no más represas ni fracking, otra manipulación más para pescar votos, cuando nunca se pronunciaron frente a los desalojos violentos y el ecocidio, ni defendieron las Consultas Populares y los Acuerdos Municipales que prohibieron represas, fracking, mineria a gran escala, ni han rechazado la decisión del Consejo de Estado que al autorizar las Pruebas Piloto dieron vía libre al fracking.
Precisamente esas comunidades desplazadas y ante la destrucción de las actividades productivas, los ecosistemas y bienes culturales, reclaman tener algo de vergüenza y darle excusas, públicamente, a las víctimas del Quimbo y a todos los huilenses por ser también responsables de los crímenes de Emgesa y del Estado al haber aprobado El Quimbo.
La agencia AFP confirmó que voceros del Ministerio de Defensa de Colombia ofrecieron disculpas por usar fotos falsas en el informe presentado por Iván Duque en el periodo 74 de sesiones de la ONU, como “evidencia” de la presencia de guerrilleros del ELN en Venezuela que en realidad fueron tomadas en Colombia.
La vicepresidente del vecino país, Delcy Rodríguez, en conferencia de prensa desde la sede de la ONU, reaccionó denunciando que desde Colombia se está entrenando, financiando y armando una agresión contra su país y mostró fotografías donde aparece el presidente interino Guaidó con personas pertenecientes al grupo criminal los rastrojos que según La Fundación Progresar de Cúcuta, coordinaron el operativo de su ingreso a Colombia, el pasado 23 de febrero, para el concierto Aid Live Venezuela, previo al intento fallido de ingreso de ayuda humanitaria para los venezolanos, que según John Bolton, exasesor de seguridad nacional de Donald Trump, fue quemada por grupos criminales contratados por Maduro.
Imágenes obtenidas por The New York Times, así como filmaciones que se difundieron -incluidas tomas compartidas por el gobierno colombiano, que ha culpado a Maduro del incendio-, permitieron hacer una reconstrucción de lo sucedido que sugiere “que un cóctel molotov lanzado por un manifestante en contra del gobierno venezolano es el causante más probable del incendio”. Además, Times constató que la afirmación de que los camiones llevaban medicinas tampoco tenían fundamento, según videos y entrevistas.
El escándalo de las fotos de Guaidó con los rastrojos se ha convertido en el mejor aliciente para el gobierno de Maduro que anunció haber enviado a la Corte Penal Internacional sus evidencias para que sean incorporadas al proceso de la investigación preliminar que se adelanta contra su gobierno, a solicitud de países como Colombia, por violación a los derechos humanos. Además, ha menguado la credibilidad del presidente Duque ante medios internacionales y organizaciones humanitarias que juzgan al mandatario colombiano de utilizar pruebas falsas en su afán de convocar al derrocamiento del gobierno de Venezuela acusándolo de hacer parte de la cadena del "terrorismo transnacional" puesto al servicio de grupos armados ilegales, que parece estar haciéndole la vuelta a Donald Trump para justificar el bloqueo económico.
Las relaciones entre Colombia y Venezuela parecen transitar de la tragedia a la comedia, desde que Duque le anunció a Maduro que “los días de la dictadura estaban contados” hasta las escenas que muestran lo ridículo, por la utilización de fotografías que no corresponden a la realidad, consideradas como “imágenes de referencia” en un Informe que según María Isabel Rueda, no logró “algún compromiso colectivo de exploración, algún plan de visita in situ para la ubicación de los guerrilleros colombianos detrás de la frontera vecina”.
El cese de la usurpación, anhelada por Duque, no ha ocurrido pese al apoyo internacional, a las sanciones contra altos dirigentes gubernamentales y el bloqueo financiero impuesto por Estados Unidos.
Mientras tanto, el gobierno Venezolano firma acuerdos con sectores de la oposición como la designación de un nuevo CNE imparcial e independiente, la reincorporación de los diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela PSUV a la Asamblea Nacional y el excarcelamiento de su Vicepresidente. Además, el canciller Jorge Arreaza firmó con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, un Plan de Consulta, para continuar con el fortalecimiento de las relaciones bilaterales.
Hoy se confirma lo que habíamos anticipado. Ninguna de las partes en Venezuela puede vencer a la otra, debido a que las fuerzas opositoras al régimen de maduro, no ofrecen una alternativa económica y social de solución a la crisis y, de otra, la cúpula militar es leal al gobierno y no va a arriesgar el control de empresas y Sistemas de Comunicaciones y la Televisión Digital.
Lo detestable es la creciente manipulación de la información con la utilización de mensajes audiovisuales efectivistas que provocan de inmediato una reacción emotiva, sin argumentación racional, que generan el miedo como estrategia para ocultar los problemas internos y la ingobernabilidad en momentos en que el gobierno de Duque registra altos índices de deslegitimación social. Estos mensajes hacen parte de lo que hoy se denominan las Fake News (noticias falsas) que desinforman y cuyo alcance parece no tener límites, con tal de ocultar el problema de fondo que es la disputa por la apropiación de las riquezas naturales y el control territorial de Venezuela por parte de las potencias que dominan el mundo.
La única solución viable es que los venezolanos continúen dialogando para que resuelvan la grave crisis que los afectan, sin ninguna injerencia externa, como lo había solicitado la mayoría de países del Concejo de Seguridad de la ONU.
SuRegión: "Jóvenes neivanos se unen a la Huelga Escolar Mundial del 20 de Septiembre"
La potencia de “la primera generación sin esperanza”, como ELIANE BRUM se refiere a los adolescentes que se movilizan frente a la crisis climática, se registró de nuevo con vitalidad, en las marchas de escolares, el 20 de septiembre a nivel global. Los jóvenes ratificaron que la esperanza en el capitalismo, en el consumismo ha perdido valor como mercancía porque ha incendiado nuestro planeta y sólo es posible apagar las llamas, cambiando el modelo neoliberal extractivista y el poder corporativo transnacional depredadores de la naturaleza.
Paradójicamente, en Colombia, el Consejo de Estado al permitir los Proyectos Pilotos Investigativos que la Comisión de Expertos del Gobierno recomendó, cedió a las presiones de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, la Agencia Nacional Minera y Ecopetrol que ya le habían advertido a este organismo que continuarían con los Estudios de Impacto Ambiental, requeridos para el otorgamiento de las respectivas licencias, convencidos de que el Consejo decidirá de fondo dar vía libre al fracking a favor del negocio de los accionistas de las petroleras, contra la biodiversidad.
En Neiva, fue contundente la rebelión de los lápices por el cambio del modelo, no del clima, donde las voces contra el fracking y la determinación del Consejo de Estado de autorizar las pruebas pilotos se hicieron sentir al compartir que “lo que está en juego son nuestros Bienes comunes, el agua, la vida, la biodiversidad y la salud de la población”, como lo declaró la Alianza Colombia Libre de Fracking.
La decisión del Consejo de Estado hace parte de la dictadura Constitucional contra la participación ciudadana, al liquidar las Consultas Populares y los Acuerdos Municipales que prohibieron las actividades extractivas minero energéticas en diferentes lugares del país para proteger el Patrimonio Ecológico y Cultural y la vocación agrícola de los municipios.
Este panorama implica que hay que desacatar la decisión tomada por el Consejo de Estado de permitir los Pilotos. Al mismo tiempo fortalecer la movilización social para impedir la invasión de nuestros territorios por las empresas transnacionales que no cesan en violar todas las leyes para continuar con el despojo y el ecocidio.
Prueba de lo anterior, fue lo ocurrido durante los días 18 y 19 de septiembre de 2019 en la Zona del Quimbo donde fueron desalojados pescadores artesanales que durante años han vivido de la pesca y la siembra de yuca, plátano y maíz en márgenes del Río Magdalena.
Estos desalojos fueron promovidos por Enel-Emgesa, reclamando propiedad sobre las orillas del Río Magdalena, autorizados por el alcalde municipal de Gigante Huila, con la complicidad del Gobierno Departamental y con el acompañamiento de más de 30 agentes del Esmad, el Director de Justicia (Juan Carlos Prieto Barrios) y la personera del Municipio de Gigante (Nandy Acuña), bajo la dirección de Arturo Victoria, abogado de ENEL, violando el debido proceso y los derechos fundamentales de los afectados.
Lo que hemos visto y vivido es la capacidad de resistir de las “víctimas del desarrollo” contra las estructuras de la sumisión, de la biopolítica que controla todos los cuerpos, de los seres humanos, de los ríos, de los árboles convertidos en cementerios, de los animales destrozados.
Es prioritario sumar todas las resistencias a las Huelgas Globales de los Jóvenes que comienzan a destruir el paradigma de la esperanza y la felicidad en el consumo, impuestos por el capitalismo, responsable de llevar al mundo al lugar de los sepulcros y que hoy esta “generación sin esperanza” comienza a provocar el pánico ante la catástrofe anunciada, como posibilidad de comprender que la vida solo tiene sentido si construimos juntos un mundo donde convivan todos los seres vivos que habitamos en nuestra Casa Común.
Fotografía la Silla Vacía
El 10 de septiembre, el Concejo de Estado decidió mantener la medida cautelar de prohibición del fracking, al negar el recurso de súplica interpuesto por el Ministerio de Minas y Energía, mediante el cual se solicitaba permiso para el desarrollo de los proyectos piloto de investigación integral.
Un día antes, el 9 de Septiembre, la Corporación Podion junto con la Alianza Colombia Libre de Fracking radicaron, ante el Consejo de Estado, un incidente de desacato contra la empresa multinacional de exportación y procesamiento de carbón Drummond y solicitaron la imposición de sanciones por incumplimiento del gobierno de la medida cautelar, debido a la explotación actual de 15 pozos de gas de carbón que provienen de un yacimiento no convencional llamado Caporo Norte del bloque La Loma, que habría sido avalada por el Ministerio de Minas y Energía y la Agencia Nacional de Hidrocarburos.
Ese mismo día, 9 de septiembre, la Silla Vacía denuncia que “La Agencia Nacional de Hidrocarburos y la Agencia Nacional Minera se están reuniendo a puerta cerrada con los alcaldes salientes, en un juego asimétrico y de espalda a la ciudadanía, para aprobar a pupitrazo la destinación del territorio para el extractivismo.
Estas Agencias, bajo el supuesto cumplimiento de la Sentencia de la Corte SU 098 del 2018, crearon unos "lineamientos para poner en práctica los principios de coordinación y concurrencia con las entidades territoriales en la definición y determinación de áreas para la exploración y explotación de hidrocarburos". Estos lineamientos están orientados a modificar los Planes de Ordenamiento Territorial, estimulando a los alcaldes para que incluyan el mapa de áreas petroleras definidos bajo la categoría de “coordinación y concurrencia” como los 20 bloques petroleros, entre ellos, 5 para la Amazonía Colombiana y, en el caso del Huila, donde ya se delimitaron zonas mineras y se incluyeron los respectivos bloques en el POT pendiente de aprobación desconociendo la legislación y la participación de los ciudadanos.
Según la jurisprudencia, estas reuniones secretas serían ilegales debido a que la Corte Constitucional (Sentencia SU 095 del 2018) ordenó al Congreso la expedición de una Ley Orgánica por medio de la cual se reglamente el proceso de concertación que implicaría “definir el alcance de las competencias administrativas de los Alcaldes para tomar tales decisiones o si, siendo los concejos municipales los encargados de aprobar los Planes de Ordenamiento Territorial (POT), serían los competentes para tomar las decisiones en esta materia”. Hasta la fecha, el Congreso no ha expedido la ley.
Mientras el Consejo de Estado decide de fondo, el debate sobre el fracking se intensifica. En la Comisión V de la Cámara, la confrontación se dio entre quienes lo consideran como una amenaza para la salud y el medioambiente y los que presionan por su imposición a favor de las empresas del sector petrolero, que ya anunciaron que se siguen alistando, realizando los Estudios de Impacto Ambiental, exigidos para la expedición de la respectiva Licencia, convencidos de que la Alta Corte decidirá de fondo a su favor.
El mismo debate se viene arreciando con motivo de las elecciones de octubre. El fracking se convirtió en el epicentro de la publicidad de los aspirantes a las Gobernaciones como en los departamentos de Santander y Cesar, donde se le rechaza por la existencia de contratos de no convencionales y, en el Huila, motivados por la legitimidad de la resistencia social de Asoquimbo que durante 10 años ha logrado impedir la construcción de 7 represas más, 11 áreas del VSM 16 para fracking y 23 municipios para minería a gran escala. Es tal el grado del cinismo y el oportunismo politiquero que los mismos que avalaron el despojo y el ecocidio en el Quimbo a nombre del desarrollo hoy pregonan que de ser elegidos garantizan que “no habrá fracking ni represas”, ocultando que sólo es posible si se mantiene la resistencia social de movimientos como la Alianza Libre de Fracking y el Movimiento Social Defensores del Territorio que ha convocado a los huilenses a Votar en Blanco por la Defensa de la Vida y oposición a los farsantes que pretenden seguir engañando y manipulando a la opinión para mantener el control de los territorios al servicio de los Proyectos Extractivos minero energéticos y agronegocios.
Escultura Emiro Garzón Desplazados del Quimbo
Con motivo de la reunión de la Comisión Nacional de Seguimiento al PH El Quimbo, celebrada el 3 de septiembre de 2019 en Garzón Huila, la Asociación de Afectados por el Proyecto Hidroeléctrico el Quimbo -ASOQUIMBO- denunció confabulación entre el Gobierno Nacional representado en los Ministerios de Agricultura y Minas, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales-ANLA- y la Agencia Nacional de Tierras-ANT- y EMGESA Enel, al presionar la modificación del Acuerdo de Cooperación y la Licencia Ambiental que incorporó como obligación la restitución de 5200 hectareas que estaban en producción, entre ellas, 2700 para campesinos víctimas de desalojo y que debieron haber sido compradas por el Estado y adecuadas con distritos de riego por gravedad por Emgesa.
La confabulación tiene como único propósito no cumplir con la restitución de la actividad productiva, contra toda evidencia de la existencia de tierras, certificada por la Mesa Técnica designada por la Comisión de Seguimiento, al demostrar que existe un total de 17.718,95 hectáreas dentro de los municipios afectados por la inundación y 4 alternativas de proyectos de captación de agua para el distrito de riego por gravedad para dar cumplimiento a lo establecido en la Licencia.
Además, la manguala Estado Emgesa busca ocultar el detrimento patrimonial denunciado por la Contraloría General de la República a través del informe 0865 sobre Auditoría Financiera a la Agencia Nacional de Tierras -ANT- publicado en el mes de junio de 2019, al afirmar que en el caso del proyecto hidroeléctrico el Quimbo “se lesionaron los intereses económicos del Estado al comprar 430.88 hectáreas no aptas para cultivo, toda vez que no se pueden adecuar para el riego… por lo que se establece un daño patrimonial público en cuantía de $3.263.515.154 que deberá investigarse disciplinariamente” y que “la ANT no cuenta con la planeación presupuestal necesaria que permita llevar a buen término la compra de las 2.700 has … situación que conlleva a que se generen expectativas en la comunidad, que posteriormente no son satisfechas”.
Frente a la gravedad de los hechos, Asoquimbo cuestionó la conducta subordinada del Gobierno Departamental, presidido por Carlos Julio González, al aceptar, de una parte, dar vía libre a la discusión de la propuesta modificatoria del documento de acuerdo de cooperación, atentando contra la participación de las comunidades en sus decisiones y, de otra, expresar a ASOQUIMBO su compromiso de no firmar dicha modificación, debido a que representaría un retroceso frente a la garantía de la restitución de la actividad productiva del departamento y los municipios afectados.
Asoquimbo, expresó su indignación contra la manguala a favor de Emgesa Enel y ratificó el rechazo a la modificación del acuerdo y la licencia ambiental debido a que la aprobación de ésta, estuvo condicionada a garantizar la restitución productiva y se debe cumplir, conforme al informe de la Mesa Técnica.
En consecuencia, solicitó a los organismos de control y fiscalización investigar la conducta de los funcionarios de la Comisión por pretender modificar el acuerdo y la licencia ambiental que implicaría un nuevo detrimento patrimonial.
ASOQUIMBO advirtió que de aprobarse la modificación se retirará de la Comisión Nacional porque se estaría atentando contra los intereses de los afectados y el departamento del Huila.